Fue con una I.A., primitiva pero eficaz que venía instalada en el procesador central de un nuevo ordenador; recuerden: año 2003. Un siguiente paso fue cuando comencé a tener blogs escritos en Blogger, en el año 2008. En cuanto uno de mis blogs subía de visitas y comentarios aparecían extraños mensajes casi a diario, eso hacía subir y subir las estadísticas de un modo artificial. Nuevas I.A. estaban en marcha y se entrenaban interactuando con los blogs escritos. Poco después comencé a tener canal en YouTube, anterior a este actual, y he visto como de año en año la acción de los bots, ahora agentes de I.A. es cada año mas importante.
Hace unos años comercializaron asistentes como Alexa, Siri, Cortana, y después los llamados Chats para los móviles. Ya los tenemos por todas partes, los hay gratuitos y de pago. ¿Dónde está el riesgo? ¿En la herramienta o en el que la maneja? ¿En el que paga por utilizar una aplicación o en el que cobra pues es su dueño?
Hay mucho engaño con este tema, como ocurrió con “los bichitos voladores” y las inmunizaciones.
Aparecen expertos como las setas alertando del peligro de la INTELIGENCIA ARTIFICIAL, con mayúsculas. Y muchos se asustan.
Sobráis todos, mentecatos.
Yo, en cambio, estoy diseñando un par de cíbridos: varón y varona, y además un par de perros robot, pues les vendrá muy bien tener sus propias mascotas y no me machaquen a las de los vecinos.
Iros despidiendo, vagos, de vuestra penosa vida. En cuatro años: en 2030 no tendréis nada y seréis zombis.
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