Aprender por aprender, sin compartir lo ya sabido, es como cultivar un campo y no recoger de lo que has sembrado, queda al olvido. Así no podrá convidar usted a los vecinos.
Cuanto más practicas en compartir mejor te sale y comunicas lo aprendido; así estoy haciendo con estos vídeos, un videolibro, que me tiene muy entretenido. Cuantas más ideas les paso a ustedes mejores me llegan; sí, que yo era un lego en esto hace unos meses.
No sabía ni usar el inmóvil para grabar vídeos, pues siempre lo tengo guardado en un cajón de la mesa, y la mayor parte del tiempo en modo avión. Prefiero otro tipo de comunicación.
Nuestro mejor nexo de unión en este mundo es el sexo, después están las emociones; ya, en ese nudo que tenemos en la barriga que llamamos ombligo. El cordón umbilical, seguro que ustedes sabrán todo eso. Cachito con cachito, tripita con tripita...
Este verano pasado he visto a muchas chicas, muy bellas por cierto, con el ombligo al aire y los pantalones muy cortos, enseñando glúteos. Fascinante.
Yo no soy un moralista, observo y apunto. Parece que pusieran su cuerpo carnal en almoneda, pero no es más que la piel lo que ofrecen y sus tatuajes, su alma está bien resguardada. Bellezones.
¿Soy un presuntuoso?
Seguramente, con las mujeres, ya, así como me ven, pero en modo espiritual caigo de bruces a sus pies, rendido ante sus almas maravillosas.
Ustedes, prodigiosas, ¿no se ven el alma? ¿Ni propia ni ajena?
Toda la belleza del universo está en sus ojos, en sus iris fascinantes, en su mirada profunda y misteriosa que tan solo dirigen a quienes ustedes quieren.
Todo el tiempo está en sus ojos, la fuente de la Creación está en su pupila. No necesito ir más allá.
Ustedes, madres, nos crean y nos destruyen. No me vean como a un enemigo, soy un aprendiz, un amateur de amigo y si les agrado no me rechacen, mejor me acepten en su círculo íntimo.
Así saldré yo de presumido.

