Libro publicado en el año 1991, en la
editorial NOVA Ciencia Ficción.
Prólogo de Frederick Pohl, del año
1970, donde este conocido escritor nos relata su descubrimiento de un
cuento de C. Smith en una revista de escasa tirada. Un genio
enseguida reconoce a otro como él.
C. Smith escribe sobre una humanidad
futura, que comenzará en el año 2000 y seguirá en los siguientes
milenios, resultando cada vez más extraña y difícil de comprender.
La dama muerta de Clown Town
Conoceremos la historia de la muchacha
gata G´Mell y la chica perra P´Juana. ¿Empezamos bien, verdad? Es
una humanidad futura, galáctica, miles de años posterior a esta
nuestra de hoy día.
Un programador comete un error y nace
Elena, alguien innecesario. ¿Qué hacemos con ella?
Será una bruja de primer orden.
La envían a un mundo extraño y a la
ciudad de Clown Town, desolada. Entra en un apartamento para dormir y
allí conoce a una chica perra, P´Juana, de aspecto humano. Le
espera una extraña aventura.
La muerte es un cuando, no un que...
Pronto leeré más cuentos de C. Smith, ya os contaré.
Extracto sencillo sobre la historia de
estas dos ciudades.
En tiempos de la expansión del imperio
romano, una vez que Octavio ha terminado con Marco Antonio y
Cleopatra en Egipto, sobre el año 31 A.C., las legiones romanas
ocupan el norte de África y el reino de Mauretania. Los Mauretanos
conservarán, aparentemente, su reino y rey con capital en la actual
ciudad de Tánger mientras los romanos irán levantando ciudades en
la costa como Ceuta y Melilla.
En el año 40 D.C., el rey Tolomeo de
los Númidas es asesinado durante una visita a la ciudad de Roma, por
orden del emperador Caligula. Su sucesor, Claudio, divide el norte de
África en dos provincias llamando a la mas occidental Tingitania,
por Tánger; quedando bajo la administración directa de la Hispania
Romana y sus legados imperiales.
Durante la llamada Peste Antonina, en
tiempos del emperador Marco Antonio, es tan grande el desastre en
Roma y todo el imperio que los Tingitanos se rebelan, acaban con las
pocas tropas legionarias que quedaban en su territorio y cruzan el
estrecho. Atacan y arrasan Cádiz y después se acercan a Hispalis,
Sevilla. Alertados de ese suceso la Legión Séptima Gemina tuvo que
marchar a la carrera hacia el sur, por la Vía de la Plata, para
socorrer la ciudad. Llegaron justo a tiempo, y después fueron
matando a todo mauro que pillaron por la zona. Incluso pasaron el
estrecho para restablecer el poder imperial en Ceuta y después en
toda la zona.
El emperador Diocleciano dejó bien
establecido que esta provincia dependería siempre de Hispania, para
evitar nuevas rebeliones e invasiones de la península.
La zona quedó pacificada hasta el año
429 cuando el conde romano Bonifacio presta su flota a los Vándalos
para que crucen desde la península hacia África, pensando que
serían poderosos aliados en su traición a Roma. Los Vándalos
acabaron con su vida y arrasaron todas las ciudades romanas que
pillaron de camino hacia Cartago.
Esto de las traiciones en Ceuta ya
viene de antiguo.
Sobre el año 534 serían los romanos
de Constantinopla, al mando del conde Belisario, los que
conquistarían la zona pasando a llamarse Mauritania Secunda.
Tocaba reconstruir las viejas ciudades
romanas pero... poco les duró la alegría pues en el año 615 el rey
godo Sisebuto les expulsó de la zona tras haber hecho lo mismo en el
sur de Hispania, España.
Las ciudades hispano-godas conocerían
un tiempo de paz hasta el año 710 cuando el obispo don Oppas de
Melilla y el conde don Julián de Ceuta prestan la flota visigoda a
los musulmanes para que crucen el estrecho y combatan contra el rey
don Rodrigo.
Otra traición y el conocido resultado:
el Islam se quedó con toda la península durante siglos.
Habrá que esperar al año 1415, en los
tiempos del rey Juan de Portugal y su hijo Enrique el Navegante para
que Ceuta regrese a manos peninsulares, siendo Pedro Meneses su
primer gobernador. En el año 1580 pasaría a ser española.
Melilla tendría que esperar al año
1497 para regresar a la Hispanidad gracias a los cristianos de
Castilla y León. Una armada enviada por el duque de Medina Sidonia,
Juan Alonso Pérez de Guzmán, desembarcó y restableció la ciudad
romana, que estaba en ruinas.