Estoy observando el crecimiento de una generación con su atención derivada.
Hay que saber de derivadas, incluso parciales, para seguir una conversación con los jóvenes, por sencilla que sea. Y si tienen que escribir todo lo más serán unas pocas frases dictadas al teléfono, el inmóvil.
Su atención plana está tan fragmentada que apenas aguantan presenciar un vídeo de más de un minuto. ¿Leer? ¿Tú qué dices? Los títulos de los vídeos y gracias.
Utilizan los emoticones como si fueran jeroglíficos egipcios; sus reacciones son pasionales, viscerales, insultan con facilidad y como mucho alcanzan a ser emotivos, intensamente emocionales. Escasamente sentimentales, no les gusta Julio Iglesias, padre. Ni alguien similar.
En días pasados estaba yo sentado en una terraza escuchando algo de Schubert, con el inmóvil, su Serenata, y pasó un grupo de chicas que me lanzaron tales miradas que me hicieron sentir en la Edad de Hierro. Que me pusiera auriculares.
Kuniz, mi celta favorito, tuvo que acudir en mi rescate.
Es lo que tiene saber escribir.
Recuerden esto: Donde tengan su corazón allí estará su tesoro, donde tengan su atención allí conseguirán su realización.
Se lo dice un tipo que ganaría casi todos los concursos de despistados.

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