Las estrellas son de fuego, de Poul Anderson
Novela publicada en el año 1994
Una Opera Espacial con todas las de la ley, leyes de Asimov.
Docenas y docenas de personajes, que pasan de padres a hijos y nietos, pero los originales no desaparecen del todo pues quedan memorias suyas grabadas en bancos de memoria y se pueden utilizar, preguntar lo que sea. Mogollón de movida en Selene, La Luna para los que no sean latinos, pues sus primeros pobladores mutaron su genética dando lugar a un tipo humano no terrícola, si no lunático. En muchos sentidos.
Un tremenda noticia llega a un planeta de la estrella Alfa del Centauro y un filósofo, allí hay quien se dedica a la vida contemplativa, le explica a su hijo de qué va el asunto y que no se asuste mucho. Le habla del Fundador, Anson Guthrie, y del origen de los selenitas, y ya puestos también de los sofotectos, que son como unos robots autónomos muy inteligentes. Cada uno es su propia I. A.
Un par de cosmonautas reciben un extraño mensaje en su nave espacial. Uno de ellos es terrícola y el otro no. El de Tierra debe dejar su viaje estelar para reunirse con su jefa en Selene.
Venator es un cazador, un policía de la Autoridad de Paz que sospecha, pues está conectado con el Cibercosmos, que se está preparando una conjura en Selene. Y él es selenita, ¡toma ya!
Mediante experimentos genéticos con focas han creado una especie nueva con un cerebro sorprendente, y de pacíficas foquitas se están volviendo salvajes depredadores, rebeldes y tal y tal. No sé a qué viene lo de las focas como no sea para llenar páginas y páginas de insensateces.
Resulta que es que en Selene, por vagancia, fueron dejando cada vez más las decisiones difíciles en manos de las I.A.
En un viaje estelar, por casualidad, Beynag y Dagny encuentran en su ruta un enorme y extraño asteroide metálico, de níquel-hierro, que parece ser, simula ser un cometa más entre millares. ¿Será extrasolar? Igual no, ¿es un cometa, no? El caso es que Beynag palma en el intento de exploración, pero si es un asteroide, ¿no?
Como 3I/ATLAS
El gobierno terrestre se opone a que este “asteroide” sea conocido, top secret vamos, así pues los selenitas recurren a sus amigos del Centauro para que les presten una de sus naves. Nueva intentona de abordaje, según se acercan le calculan unos 100 kilómetros de ancho y bastante más de largo. Se posan en él para tomar muestras, tiene “un pico” de 1,5 kilómetros de largo, ¿y eso?
Muestras, necesitan muestras del material de lo que esté compuesto, y de paso averiguar qué tiene por dentro. ¿Está hueco? No me digas que está hueco...
Beynag, el jefe de la exploración, muere en un accidente y sus hijos lunáticos se lo tomarán muy, pero que muy mal, la noticia y se proponen liarla gorda.
La Secesión de Selene...
¿Tendremos guerra entonces?
Poul Anderson es un gran maestro, no se lo niego, pero en esta novela me sobran más de la mitad de las páginas y docenas de personajes sin sustancia. En fin, para los aficionados a este tipo de literatura queda decidir.


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